viernes, 1 de abril de 2011

Me pasaron la pelota...

La pelota se dirigía a mi, era un pase largo, cruzado, "parece llega llovido", pensé. Tengo tiempo para pensar. Los rivales no me marcan porque dan por entendido que haré alguna cagada y, sin esfuerzo alguno, recuperarán el dominio del esférico.

La pelota fue lanzada y para ser sinceros, el pensamiento de mis rivales es correcto. Probablemente la cague.

La pelota llegará y seguramente rebotará en mi tobillo con destino incierto. Es que nunca me quiso, siempre me fue esquiva. Lo intenté todo. la apoyé con la entrada de aire hacia abajo previo a un remate de tiro libre, la inflé siempre acorde a lo establecido en el sello estampado sobre su cuero y la limpié tras cada encuentro. Sin embargo, la muy atorranta prefería a los otros, siempre fue así.

Por eso, siempre intenté alejarme del partido, ocultarme tras los rivales simulando que era imposible desmarcarme. Esa era una de mis estrategias preferidas. Ser un 4 en la escala de puntuación de El Gráfico (copiada ahora por todos).

Seguí los consejos de los mejores perros de la historia. Los escuché atentamente. Estuvieron aquellos que me sugerían ser aguerrido. Luego me observaban detenidamente y se daban cuenta que con mi físico, sólo podía empujar el viento (excepto que se desatara un temporal como el de Agosto de 2005). Estuvieron los que me sugerían abusar del "pelotazo"; alguna vez me saldría un pase de gol inolvidable o un gol de media distancia. Lo que estos últimos no tomaban en cuenta es que, previo a disparar el balón lo más lejos posible, primero hay que controlarlo y mi idea era, precisamente, no hacerlo jamás. Ningún consejo me sirvió y seguí siendo convidado a los matchs únicamente por mi indiscutida
capacidad de ser intrascendente.

El balón seguía su curso pero yo seguía sin decidir cuál sería mi estrategia de escape. Frente a un balón llovido el aparente destinatario puede culpar al emisor señalando su rotunda incapacidad para orientar el balón con mayor precisión "¡pajero! ¡me mataste!, ¿qué te pensás? No mido 2,40". No tenía chance de utilizar tal artilugio. El balón parecía obstinado en encontrarse conmigo. ¿Estaba buscando la reconciliación? ¿Estaba dando una señal de que todo cambiaría?

Si eso era lo que estaba sucediendo debía, claramente, superar nuestros desencuentros, "borrón y cuenta nueva". Por primera vez, debía pensar la forma de cobrar protagonismo por 1 segundo. Pero, tras años de acostumbrarme a cagarla o a evitarlo, había olvidado los principios básicos de este deporte. ¿Qué hago? No puedo hacer un focus group ahora. Tampoco le puedo preguntar a mi compañero del medio campo, se va a calentar. El balón seguía su curso y parecían estar cada vez más decidido a encontrarse con su enemigo de todas las horas, yo. Ya estaba "en bajada", ahora todo sería más rápido y el tiempo que tenía para decidirme se iba agotando.

Bien, por lo que veo, el balón llegará a mi tobillo, sólo tengo que inclinar el pie hacia arriba para "embolsarlo". Eso me lo había dicho un reverendo hijo de puta. Esos que con naturalidad te explican lo qué hacer. Claro, para ellos la vida es fácil. Saben correr con el balón sin tropezarse, saben tirar la pierna hacia atrás para pegarle; la pelota está a su merced. Ellos no saben que habemos miles de millones de personas que aborrecemos el balón. ¿Qué digo "aborrecemos"? Nos cagamos frente al menor contacto con el esférico. Nos intima....lo único que recuerdo es que me reventé la cabeza contra el piso. Aparentemente estuve inconsciente por 35 minutos.

Afortunadamente el fútbol supone el enfrentamiento de dos equipos. Por eso, es muy probable que haya uno de los míos en el cuadro rival. Esos son los que te salvan, aplicando similares artilugios. Por un partido fui mártir y estuve en la gloria.

El deporte más hermoso del mundo.

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